sábado, 30 de julio de 2011

El amor

El teléfono sonó, eras tú,
nada me tenía preparada,
nada me había dicho que esto pasaría.

Nada en el mundo sabía
que ayer dejé de soñarte,
dejé de quererte,
dejé de pensar que perderte
era el fin de mi vida.

Ayer sonó el teléfono,
sonó una, dos, tres veces
y tú del otro lado,
con tu voz rasposa y alta,
con tu voz de enojo que no se acepta,
con tu voz de urgencia,
con tu voz de niño
y yo escuchando, sonriendo,
por fin dije no,
por fin puse alto a tu encanto,
por fin sabes que no soy de ti
ni volveré a serlo, ni estoy para ti.

Ayer por fin Dios me dio el último dolor
extraído por ti, dedicado a ti,
dado por ti.
La última lágrima, el último latido de dolor.

Porque no llegó la culpa,
vino a mí la certeza de lo correcto,
la certeza de quien está en otro lado,
de quien está de mano de Dios,
de quien sabe que haces daño,
de quien no regresa.

El diablo te usó para tentarme
y lograr que diera un paso erróneo,
pero Dios tomó mi mano,Él nunca me suelta,
y me acompañó por el trance del adiós.

Así que ayer oí tu voz y lloré,
lloré porque te ibas de mi corazón
lloré porque no sentí culpa,
porque no temí que no volvieras
porque no importó más lo que era correcto.

Y sé que cerrada está la puerta
porque fue Dios quien puso la llave.

No hay comentarios:

Publicar un comentario