sábado, 16 de julio de 2011

Nadie puede engañarte.

Es curioso que los hombres tratamos de engañar a Dios en la creencia de que no está pendiente del mundo. Creemos que podemos mentir y hacer lo que se nos pegue la gana sin consecuencias y no es cierto. Venía el otro día en el metro pensando en cuanta gente se olvida de Dios (incluido tú que piensas que lo que escribo es de flojera), de cuanta gente se olvida de las cosas que nos enseña y de las reglas que nos impuso para vivir bien y en armonía, olvidamos que su deseo es que sus hijos vivan en paz y armonía. Dios nunca quiso caos y dolor, tampoco el sufrimiento de todos nosotros, no nunca lo quiso. Venía pues en metro mientras la gente corría a sus trabajos, mientras huían de la lluvia que desde la mañana caía, miraba los rostros y en casi ninguno vi un atisbo de felicidad. Al contrario de ellos mi rostro reflejaba alegría porque venía compartiendo con mi Padre celestial y su amor me llenaba, mi rostro reflejaba la paz que me da estar con Él desde temprano. Mirar esos rostros me dio tristeza pues se tratan de engañar a Dios con su supuesta felicidad, con el no lo necesito porque yo puedo y con las acciones malas que hacemos todos los días, vi maravillada como Dios podía verlos pasar y regalarles una sonrisa a través de mi rostro.
No podemos engañar a Dios, Él sabe perfectamente que necesitas y con alegría te lo dará, solamente espera a que tú le dejes entrar en su corazón.
Dios te ama y te espera, tiene los brazos abiertos para recibirte, abrazalo será la mejor experiencia que tengas en tu vida.

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